Y si te digo que al Sistema Educativo, al Mercado y al Estado no le interesa tu «yo original». Y si te digo que a las personas inmaduras o egocéntricas tampoco les interesa. Y si te digo que las Experiencias Adversas en la Infancia (EAIs) te han hecho dudar de la valía de tu «yo original». Si se aceptan estas premisas, si has crecido con la influencia de inmaduros, egocéntricos, abusadores, negligentes, manipuladores… Si te has dedicado a complacer al Sistema Educativo, te has dejado engatusar por el Mercado, te has dejado adiestrar por poderes que no te amaban incondicionalmente sino que lo hacían por algún interés,

es probable que hayas tomado la decisión inconsciente de ocultar tu «yo original» para nunca más ser herido, rechazado o traicionado.

O simplemente, lo has abandonado en un rincón para construirte un «falso yo» supuestamente más molón, para sentirte aceptado, apreciado, valorado o admirado. El caso es que nuestro mundo está sediento de Educación Sensible al «yo original» de cada persona; que parta de «quien soy» y no de «cómo debo ser» según no se sabe qué criterio.

Cuando parto de «quien soy» y lo amo de forma incondicional en su pobre manifestación, estoy en condiciones de tender con libertad, sabiduría y amor hacia «quien debo ser» de verdad, con alto rendimiento y salud mental, dándolo todo para ser más mi «yo original».

La sociedad de «yoes originales» constituye comunidades maduras que maximizan el buentrato y minimizan el maltrato.

Esto no se consigue aplicando protocolos ni pedagogías de moda; se alcanza con educación sensible al «yo original»

Por supuesto que se requerirán protocolos y las mejores pedagogías, pero estarán al servicio de la creatividad de los «yoes originales». Esto no es difícil, basta con dejar de luchar con racionalismo, voluntarismo, autosuficiencia y miedo, y rendirse a la originalidad de la vida, abrirse con sensibilidad al ser personal. Conectar con el origen para ser originales y como el río conectado con la fuente, aceptar y fluir en el río de lo original.

Para que esto suceda, la educación necesita abrirse, trascender, ir más allá de la mente y del tardo-materialismo que ya no se sostiene por la ciencia sino por la propaganda.

Para esto, los seres humanos y en particular los científicos de las ciencias sociales deben ser sensibles y humildes para diferenciar lo original de lo falso. Si lo falso es más abundante estadísticamente que lo original, no por eso pasará a ser original. Lo falso genera «cambio climático» en el corazón de la persona. Y si lo falso se parece más y más a lo original, no se hace original, sino una mejor falsificación. Con lo falso, lo único que se puede hacer es reconocerlo y renunciar a ello en nombre de lo original.

La educación sensible será la educación habitual cuando los científicos y financiadores salgan de sus «falsos yoes» y acepten con humildad y amor lo original, rechazando toda falsedad que puede ofrecer cantos de sirena, pero sólo lo original garantiza el Desarrollo Sostenible, la paz, la justicia social, la salud mental y la prosperidad de toda la población en su diversidad, es más, en su originalidad.

Para desarrollar el «yo original» será conveniente sanarlo de sus heridas, desatarlo de los comportamientos que lo ocultan, lo rechazan y lo desprecian, liberarse de las influencias que nos confunden con lo falso y así, estamos en condiciones de dejar que nuestra versión original se desarrolle. La clave es la humildad de aceptar lo original y la originalidad nos motivará hacia el amor maduro y la belleza que salvará el mundo.

Publicada el marzo 19, 2026

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