En un mundo lleno de estímulos y una creciente oferta de prácticas de meditación que prometen un estado de mayor bienestar y claridad mental, emerge una senda distinta: la meditación sensible, que no busca el bienestar subjetivo como meta primordial, aunque termine por darse como una consecuencia bienvenida.
Lo nuclear de la meditación sensible es dejarse abrazar por lo original y desengañarse de lo falso
Lo falso puede manifestarse de múltiples maneras en el momento presente arraigado en los pensamientos, emociones y sensaciones corporales incluso sin juzgarlas. Las mejores falsificaciones se montan con certezas o hábitos profundamente arraigados con los que nos identificamos, pero que no responden a nuestra verdadera originalidad. Por ejemplo, puede ser cierto que una persona haya robado, incluso que lo haga de forma habitual, pero si se pregunta «¿quién soy?», la respuesta no será «un ladrón».
La meditación sensible es una respuesta a la pregunta integral y vivencial a «¿quién soy?»
La respuesta siempre será libre, pero será original, desde la humildad y el amor si es: «acepto» y será falsa, desde la soberbia y el miedo si es «no acepto«.
Aquí radica la distinción crucial: la meditación sensible es la única forma de meditación que se enfoca con autenticidad en responder a la pregunta «¿quién soy?». Mientras otras prácticas meditativas pueden ayudarnos a explorar » ¿qué siento o no siento?», «¿qué pienso o no pienso?» «¿qué hago o no hago?», «¿qué pasa o no pasa?»… la meditación sensible va a la raíz de nuestra identidad personal.
Algunas meditaciones también ofrecen respuestas al «¿quién soy?», pero paradójicamente su respuesta es desconectar de la propia identidad personal para conectar con una identidad holista, para así responder todos de forma idéntica a «¿quién soy?»: amor cósmico, energía, Gaia, sabiduría universal… Sin embargo, la meditación sensible es la que capta la originalidad irrepetible que es cada persona en sí para acogerla y dejar que se realice.
La meditación sensible es singular al captar nuestra identidad como un vínculo personal e irrepetible de amor incondicional y absoluto con el origen, que nos lleva a habitar el presente, extra-cósmico e intra-cósmico a la vez, en unidad de amor personal, pues sólo hay amor donde hay personas, pero personas que lo aceptan, claro.
La persona al aceptar el amor de suyo lo entrega y eso es la persona, una fuente de aceptación y entrega de amor que cohabita con las demás personas en el cosmos de forma que se hacen más sí mismas, manifestando de forma más plena su ser original e irrepetible.
Otras aproximaciones pueden interpretar el «¿quién soy?» como una disolución del yo en un todo, llevando a un amor impersonal, cósmico, que niega un origen amoroso más allá del cosmos. Estas meditaciones, al negar una fuente de amor increado y creador, conectan con realidades originadas que, aunque se vistan de origen y se capten como amor, no responden plenamente a la pregunta fundamental, llevando a la persona a un «refugio existencial» en lugar de a su «hogar interior».
Diferenciando la meditación sensible de otras meditaciones
Es importante distinguir la Meditación Sensible de otras dos categorías:
- Meditaciones sensacionales. Estas prácticas llevan a la persona a identificarse con lo que siente que es, en lugar de con quien es. Mueven al gnosticismo, buscando confirmaciones suprarracionales basadas en sensaciones convincentes de originalidad, pero no en lo original en sí. La diferencia puede ser tan sutil como la que existe entre un billete auténtico y uno falso.
- Meditación insensible. En el extremo opuesto, esta meditación se basa en la especulación y el racionalismo que conduce al voluntarismo.
La meditación sensible, en cambio, es la presencia original del amor incondicional, absoluto y personal en el presente, relativizando lo que se esté haciendo, sintiendo o pensando.
La meditación sensible lleva a lo original que nada tiene que ver con lo singular. Parece lo mismo, pero como el billete falso se parece al verdadero… Lo original nos conecta con el origen, mientras que lo singular nos desconecta del origen para hacernos origen de nosotros mismos. Lo original lo mueve la humildad y el amor, la singularidad, la soberbia y el miedo.
Accesibilidad y características
Una de las bellezas de la meditación sensible es su accesibilidad. Puede ser practicada incluso por un niño antes de tener la mente completamente actualizada, y con el desarrollo mental, tomará una forma siempre original, como cada persona que medita. Sus características inherentes son el encuentro, la inocencia, la sencillez, la quietud, la pasividad asertiva, la mansedumbre, la vulnerabilidad, la debilidad y la autenticidad.
Lo que la meditación sensible no es algo para gente avanzada o élites de la espiritualidad; es la forma natural de habitar lo original a lo que estamos llamadas todas las personas
Si bien requiere de Educación Sensible, no es una técnica que se aprende; aunque se utilizan técnicas, es sobre todo un modo de vivir, una forma de habitar el mundo con sabiduría, libertad y amor, que requiere momentos puntuales de alimentación, como un vehículo o el organismo que se nutre, para pasarse todo el día nutriendo a sus células: recibiendo y dando.
Un camino hacia el descubrimiento de lo original
La meditación sensible se nos presenta como una vía para conectar con nuestra identidad original, que como un río fluye en conexión con su fuente, cada persona tratará de vivir así desde su cultura y su credo, según lo va captando con honradez espiritual por su sensibilidad personal. Esta sensibilidad profunda en meditación puede discernir entre lo original y lo falso para regresar una y otra vez a la propia identidad original como «hogar interior», saliendo de las falsedades con las que nos vamos identificado como «refugios existenciales», casi sin darnos cuenta, en particular si no hay meditación sensible.
La meditación sensible nos permite regresar y vivir en nuestra identidad original
La meditación sensible permite a la persona vivir en paz o al menos con esperanza, los momentos duros de la vida. Al cultivar ese amor incondicional en el presente vivido desde la propia identidad original, a pesar de los pesares, al final se experimenta el deleite que anhela el corazón. Otras meditaciones, precisamente lo que ofrecen es quitar el anhelo; vivir una paz mental a fuerza de no desear.
Si buscas una forma de meditación que vaya más allá de la relajación o el manejo del estrés, y te impulse a responder la pregunta fundamental de tu existencia, la meditación sensible podría ser el camino que estás buscando.
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Publicada el marzo 19, 2026











